Muy pocas veces he andado en metro, no me gusta la multitud, no me gusta el encierro ni su velocidad que no me permite ver claramente los rostros y los lugares. Estar en ese lugar me hace sentir inmensamente sola y desvalida, la gente parece tan indiferente al que se encuentra a su lado que me da miedo que toda esa frialdad se me pegue como la rabia y cuando habla el conductor...que da explicaciones sin sentido sobre detenciones o paradas esporádicas, que otorga la mitad de la información que debería, que dice lo que ocurre sin decirlo para no preocupar o simplemente para no hablar de más, a la gente no le interesa lo que haya pasado, lo único importante es que el tren vuelva a funcionar, así no se retrasan, tienen cosas que hacer, seguro los esperan en sus casas, seguro y se inventan una realidad que no existe para justificar su apuro, su descomprensión, su ignorancia.
La gente que anda en metro está como muerta, por eso cuando se sube un niño todos se detienen a observarlo al menos unos minutos, no pueden creer todo lo hermoso que irradian, aún cuando sean una pesadilla.
No quiero estar muerta aún así que no ando en metro (muy Alan Turing).